Síndrome de la úlcera rectal solitaria

Es una enfermedad relativamente rara, que por lo general se presenta en personas jóvenes. La falta de coordinación de los músculos responsables de la defecación, una tensión excesiva de los músculos del suelo pélvico y de los esfínteres del ano (defecación disinérgica) pueden conducir a la hipertrofia de la capa muscular de la mucosa, alteración del aporte sanguíneo y a la aparición de lesiones isquémicas ulcerativas. Las lesiones suelen localizarse en la pared anterior del recto, a unos 3-10 cm de la línea pectínea. A pesar de la denominación, aparece ulceración en tan solo ~40 % de los casos y no necesariamente aislada. Puede presentar diferentes aspectos, desde una mucosa plana enrojecida hasta una lesión elevada polipoide.

Síntomas: sangrado anal, presencia de moco en las heces, dolor en la región perianal o hipogástrica, alteraciones de la defecación, sensación de evacuación incompleta, estreñimiento prolongado y prolapso de la mucosa rectal.

Diagnóstico: la endoscopia permite detectar la lesión y tomar muestras (incluso de la mucosa sana con el fin de descartar una enfermedad inflamatoria). En el estudio anatomopatológico se aprecia fibrosis de la lámina propia de la mucosa rectal, hipertrofia de las fibras de la capa muscular con infiltración característica hacia las criptas, lo que ocasiona la alteración de su estructura. Los estudios complementarios previos al tratamiento quirúrgico comprenden la defecografía, la manometría anorrectal y la electromiografía. Diagnóstico diferencial: inflamaciones inespecíficas del intestino grueso, colitis isquémica, cáncer de colon.

Tratamiento

1) regulación del ritmo defecatorio con dieta rica en fibra y tratamiento conductual que incorpora el entrenamiento de la defecación utilizando la técnica de biorretroalimentación

2) evitación de la irritación/trauma rectal con la suspensión de las maniobras digitales o la introducción de otros objetos, así como la evaluación de los eventuales factores psicológicos coexistentes

3) tratamiento vía tópica con preparados de sucralfato, consiguiendo —en algunos enfermos— la curación de la ulceración

4) ni el tratamiento antinflamatorio con enemas de esteroides o los aminosalicilatos, ni tampoco los laxantes han demostrado su eficacia con claridad, mencionándose en estudios pequeños no controlados

5) en caso de prolapso rectal, cuando el tratamiento conservador no produce una mejoría clínica y los síntomas realmente empeoran la calidad de vida de los enfermos, conviene considerar el tratamiento quirúrgico, que va desde la escisión de la ulceración, pasando por tratamiento del prolapso rectal con o sin rectopexia, hasta la infrecuente resección rectal con colostomía (esta última se ha mencionado en casos de hemorragia rectal persistente en los cuales las otras opciones quirúrgicas hubiesen fallado).