Semaglutida de administración semanal en adultos con sobrepeso u obesidad

16.06.2021
Wilding JPH, Batterham RL, Calanna S, et al; STEP 1 Study Group. Once-Weekly Semaglutide in Adults with Overweight or Obesity. N Engl J Med. 2021 Mar 18;384(11):989. doi: 10.1056/NEJMoa2032183. Epub 2021 Feb 10. PMID: 33567185.

La búsqueda de un fármaco eficaz y seguro para la pérdida de peso ha sido un objetivo difícil de alcanzar en la medicina clínica. Durante varias décadas, los agentes para la pérdida de peso altamente promocionados fueron incorporados al uso clínico y acabaron siendo eliminados debido a efectos adversos graves. Entre dichos agentes se incluían la fenfluramina/fentermina (enfermedad valvular cardíaca), la sibutramina (enfermedad cardiovascular), el rimonabant (trastornos del estado de ánimo) y la lorcaserina (cáncer). Por lo tanto, no es de extrañar que exista cierto escepticismo hacia los nuevos fármacos contra la obesidad.

La semaglutida es un análogo del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) aprobado para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2. Ejerce también efectos directos e indirectos sobre el cerebro para inducir la saciedad precoz y, en consecuencia, limitar la ingesta de calorías, lo que proporciona la pérdida de peso. El ensayo STEP 1 (Semaglutide Treatment Effect in People with Obesity) evaluó la eficacia y la seguridad de la semaglutida administrada VSc a dosis de 2,4 mg/semana en dosis única como una intervención de pérdida de peso.

Este ensayo a doble ciego abarcó a 1961 adultos sin diabetes mellitus que tenían bien un índice de masa corporal (IMC) ≥30 kg/m2, o bien un IMC ≥27 kg/m2 y ≥1 comorbilidad relacionada con el peso corporal. Los pacientes elegidos recibieron intervenciones en el estilo de vida y fueron asignados de manera aleatoria (en proporción 2:1) a recibir bien semaglutida, o bien placebo. El período de seguimiento fue de 68 semanas y los criterios de valoración coprimarios abarcaron el cambio porcentual en el peso corporal y la reducción del peso total de ≥5 %, un porcentaje considerado clínicamente importante.

El cambio medio en el peso corporal a las 68 semanas fue de –14,9 % en el grupo tratado con semaglutida y de –2,4 % en el grupo de placebo (diferencia en el tratamiento: –12,4 puntos porcentuales; IC 95 % –13,4 a –11,5). Hubo una proporción de pacientes mayor estadísticamente significativa en el grupo de semaglutida que en el grupo con placebo, con una pérdida de peso de ≥5 % (86,4 % vs. 31,5 %), ≥10 % (69,1 % vs. 12,0 %) y ≥15 % (50,5 % vs. 4,9 %). La media de descenso en el peso corporal con respecto a los valores de referencia fue de –15,3 kg en el grupo que recibió semaglutida y de –2,6 kg en el grupo placebo. Un mayor número de pacientes suspendieron el tratamiento por efectos adversos gastrointestinales en el grupo con semaglutida que en el grupo con placebo: 59 (4,5 %) versus 5 (0,8 %).

Los autores concluyeron que en pacientes con sobrepeso u obesidad, la administración de semaglutida a dosis de 2,4 mg una vez por semana, además de intervenciones en el estilo de vida, confirió una pérdida de peso sostenida y clínicamente relevante. Afirmaron también que la pérdida de peso media del 14,9 % observada con el uso de semaglutida es mayor del 4-10 % obtenido con otros medicamentos actualmente utilizados contra la obesidad que incluyen el orlistat (agente causal de malabsorción) y la liraglutida (otro análogo del GLP-1 administrado por vía subcutánea semanalmente).

El punto débil de los tratamientos contra la obesidad ha sido la duración limitada del seguimiento, lo que es clínicamente relevante, pues en el caso de la pérdida de peso la reincidencia es frecuente. Aunque el período de seguimiento en el ensayo STEP 1 (1,3 años) es más largo que en muchos otros estudios dedicados a la pérdida de peso, lo que se necesita son datos a largo plazo que valoren la eficacia y la seguridad de la semaglutida después de 3-5 años del uso. La semaglutida debe considerarse en pacientes seleccionados (su uso se verá limitado por su relativamente alto coste), pero las intervenciones dietéticas y en el estilo de vida deben seguir siendo el pilar fundamental del tratamiento antiobesidad. En definitiva, los esfuerzos deben enfocarse más en la prevención primaria, dadas las actuales epidemias relacionadas entre sí de obesidad y diabetes mellitus tipo 2.

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